#Brasil: La revancha de las élites y el teatro del golpe

Posted on mayo 4, 2016

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Camila Vollenweider
Ideología triple equis y explícita y argumentos comodín para condenar a la Presidenta y al mismo tiempo despegar al Vice —su sucesor en caso de destitución— del pretendido delito, son solo el adelanto del estreno de un golpe ya consumado.
La votación en Diputados que aprobó, por un amplio márgen, el inicio del juicio político a la presidenta Rousseff se mostró como un teatro de sombras. Con un trasfondo de discutida legalidad en el proceso, la dinámica del impeachment resulta bastante obscura por sus personajes, los momentos elegidos para perpetrarlo, las consignas y argumentos esgrimidos para apoyarlo. Y, asunto no menor, los propósitos detrás del mismo. Las ‘pedaladas fiscales’, hecho por el que se pretende destituir a Rousseff por, según los impulsores del impeachment, constituir un crimen de responsabilidad, prácticamente no aparecieron ni en los debates en Diputados ni en los que actualmente se desarrollan en el Senado. Basta ver la impotencia de los parlamentarios opositores al impeachment en los recintos cuando exponen sus argumentos: saben que digan lo que digan, y presenten las pruebas que presenten, este nuevo proceso destituyente no tiene chances de revertirse y el establishment conseguirá el poder que no obtuvo por respaldo popular durante más de una década.
Los ensayos
El golpe en curso en Brasil comenzó a gestarse hace poco más de un año, apenas comenzado el segundo mandato de Dilma Rousseff. El principal partido de la oposición, el PSDB, inició una cruzada tendiente a revertir lo que las urnas habían expresado ya en cuatro oportunidades tejiendo distintas alianzas: con los medios de comunicación hegemónicos para sesgar la información a su favor; con los diversos “órganos de control” -que han sustituido en su capacidad de fuego a las Fuerzas Armadas en golpes anteriores- como la Policía Federal, el Tribunal de Cuentas de la Unión, el Ministerio Público Federal, juzgados de varias instancias comandados por opositores al gobierno, y, también, con el principal partido aliado del gobierno, el PMDB, cuyos líderes -especialmente el multi-imputado por corrupción Eduardo Cunha, Presidente de la Cámara de los Diputados- mantiene un férreo control sobre los votos de un significativo número de legisladores de distintos partidos.
sa trama no es improvisada y resultado sólo de la capacidad de la oposición política para articular alianzas. Cabe desentrañarla, por un lado, atendiendo a los intereses de clase de unas élites que comandan todas las instituciones del Estado, la mayoría de los partidos políticos, y digitan los principales hilos de la economía y las finanzas. Estas élites aceptaron un pacto de gobernabilidad con el PT mientras sus principales intereses no fueran tocados y, también, mientras el boom de las commodities permitió crecimiento y mejorar la calidad de vida de los excluidos -también de la clase media- sin recurrir demasiado a la redistribución. Por otro, porque estas élites brasileñas tienen los mismos intereses que el resto de las élites de la región y de las que dirigen las principales corporaciones extranjeras y/o multinacionales que operan en estas latitudes, particularmente las del histórico bloque aliado EEUU-UE. Esta red de grupos de poder se mantuvo agazapada mientras duró la fortaleza de los gobiernos progresistas de la región, interna y asociadamente en diversos organismos regionales.

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Posted in: Opinión