#EEUU y el perfil bajo sobre #Brasil

Posted on mayo 16, 2016

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Silvina M. Romano / CELAG
Un día antes de que la Asamblea Nacional Venezolana asumiera sus funciones, el 5 de enero de 2016, el Departamento de Estado emitió un comunicado llamando a que se respetara “la independencia, la autoridad y las prerrogativas constitucionales” en Venezuela. En dicha ocasión, ya advertíamos que era nada menos que curioso que el Departamento de Estado se apresurara a hacer declaraciones con respecto a Venezuela, pero que no se pronunciara sobre lo que estaba ocurriendo en Brasil. A su vez, el vicepresidente estadounidense Biden volvió a recordarnos su “preocupación” sobre lo que ocurre en Venezuela por lo que él considera “violaciones a los Derechos Humanos” y hace un mes, Obama “renovó” por un año más el decreto que declara a Venezuela como amenaza para la seguridad en EEUU.
Sin embargo, sobre Brasil hay un sospechoso perfil bajo por parte del gobierno de EEUU. Sólo se conoce lo publicado por el vocero de la Casa Blanca John Earnest: “Obama confía en la fortaleza de las instituciones brasileñas para soportar lo que está sucediendo”. Lo que se conoce menos es que Michel Temer, quien quedó como sustituto de Dilma Rousseff, es un exinformante de la CIA; y que la embajadora estadounidense en Brasil Liliana Ayalde, cumplía esa misma función en Paraguay en vísperas del “golpe institucional” a Fernando Lugo. Este vínculo se extiende además al ámbito de los negocios, sabiendo que la derecha brasileña tiene una histórica y fluida relación con las elites estadounidenses.
Durante el gobierno de Joao Goulart a inicios de los ‘60, los mecanismos de desestabilización previos al Golpe se nutrieron de campañas de prensa que buscaban mostrar al mundo un Brasil en caos, perdido, además de la aplicación de presión económica de todo tipo. Un elemento clave de aquel proceso fue la estrecha relación entre empresarios brasileños y el gobierno de EEUU. Tal como lo muestran documentos desclasificados, el gobierno estadounidense envió a Brasil algunos funcionarios que se reunieron con grupos de la Cámara de Comercio de EEUU en Río de Janeiro y San Pablo, y con buena parte de los hombres de negocios y banqueros importantes de Brasil y Estados Unidos; asimismo, tuvieron la oportunidad de intercambiar opiniones con los gerentes de la American Foreign Power y la Brazilian Light and Power, que constituían uno de los objetivos del programa de nacionalización del gobierno de Goulart. El Departamento de Estado destacaba en aquel momento la necesidad de “mantener un clima favorable en Brasil para las inversiones estadounidenses y para asegurar la máxima participación de capital norteamericano en los programas de la Alianza para el Progreso implementados en Brasil”.

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Posted in: Opinión