#Almagro, un caso de mutación ideológica

Posted on mayo 23, 2016

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ALEJANDRO FIERRO
Desde que asumiera el cargo, Venezuela ha sido la fijación de Almagro, con un alineamiento sin matices con la derecha que le ha llevado a asumir sus tesis sobre el supuesto autoritarismo del gobierno de Nicolás Maduro, la existencia de presos políticos o el fraude electoral.
La figura del nuevo Secretario General de la OEA está permeada por un pragmatismo extremo que procede de una carrera diplomática de casi 30 años. Y aunque parezca un contrasentido, lo cierto es que este pragmatismo es lo que le ha llevado a convertirse en la punta de lanza en los ataques contra el Gobierno de Venezuela, quién sabe si en un intento de posicionarse como una de las nuevas caras de un social-liberalismo amable en el cálculo de que la restauración conservadora en Latinoamérica resultara triunfante.
En efecto, Luis Almagro (Paysandú, Uruguay, 1963) obtuvo su primera misión diplomática en 1988 con apenas 25 años y sin haber concluido aún su especialización académica. A partir de ese momento, inició una trayectoria en relaciones internacionales que le llevaría a pasar por las delegaciones charrúas en Irán, Alemania o China —en esta última ya como embajador— o representando a su país en organismos como la Unesco.
Ya desde sus comienzos en la esfera internacional, Almagro dio muestras de ser un ‘diplomático’ en el sentido más estricto de la palabra, acomodándose a sus diferentes destinos con independencia de que gobernara el Partido Nacional (los ‘blancos’) o el Partido Colorado, las dos grandes formaciones que durante casi dos siglos, prácticamente desde la fundación del país, hegemonizaron la vida política uruguaya hasta la eclosión masiva, ya en esta nueva centuria, del Frente Amplio.
La escalada en los ataques al gobierno de Nicolás Maduro alcanzó sus máximas cotas con la apelación a la Carta Democrática, lo que en la práctica implicaría la posibilidad de sanciones políticas y económicas a Venezuela.

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Posted in: Opinión