Seis meses después en #Venezuela

Posted on mayo 30, 2016

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CELAG

Han pasado seis meses desde que la derecha ganara las elecciones legislativas de Venezuela, tiempo suficiente para realizar una aproximación bastante exacta de cuáles son sus objetivos y qué estrategias pone en práctica para lograrlos. Su única meta sigue siendo la aniquilación del chavismo como opción política, y en esto su actuación en este 2016 es coherente con la que lleva manteniendo desde que Hugo Chávez ganara las elecciones en 1998.

Es importante precisar bien este punto. No se trata de derribar al gobierno de Nicolás Maduro. El objetivo principal es la completa desaparición de un sistema que ha demostrado ser una alternativa válida al neoliberalismo y, por tanto, una amenaza real a la tasa de acumulación del capital. Ese objetivo se extiende al resto de Latinoamérica y es bajo esta clave que hay que interpretar hechos como el golpe de Estado contra Dilma Rouseff.

Se permite que diferentes partidos disputen el sistema pero no se tolera otro sistema. Es obvio que el principal mensaje con el que la oposición concurrió a los pasados comicios legislativos era un ardid para atraer votos. La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) pidió el apoyo de la población para mejorar la situación económica. Su lema de campaña era la promesa de que la cola para ir a votar sería la última que tendrían que hacer los venezolanos, en referencia a las colas para adquirir productos básicos. Seis meses después no existe ningún indicio de que la derecha esté utilizando el poder político recién adquirido para ayudar a solventar la crisis. Los llamamientos de Maduro para trabajar conjuntamente en beneficio de las mayorías populares han sido rechazados con desdén.

La mayoría derechista de la Asamblea vetó el decreto de Emergencia Económica propuesto por el Ejecutivo para tomar medidas rápidas y urgentes y solo la intervención del Tribunal Supremo de Justicia permitió que saliera adelante. Tampoco se vislumbra la colaboración del gran empresariado, afín a la derecha o controlado directamente por los políticos opositores. Es la táctica del “cuanto peor, mejor”. Pero esta estrategia tiene un punto débil. Muchas personas que dieron su voto a la oposición con la esperanza de que se dedicara a tratar de mejorar la economía se sienten defraudadas.

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Posted in: Opinión