BoliviaLeaks revela la cultura de la dependencia imperial en#Bolivia

Posted on julio 11, 2016

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(I)Por Juan Ramón Quintana Taborga*
En exclusiva para Prensa Latinael ministro de la Presidencia del
Estado Plurinacional de Bolivia, Juan RamónQuintana, adelanta en tres
artículos de su autoría el contenido del libro
“BoliviaLeaks”,elaborado bajo su coordinación, que desnuda la
injerencia de Estados Unidos eneste país y en particular durante el
período 2006-2010 del Proceso de Cambioliderado por el presidente Evo
Morales.En su introducción, Quintanacomienza con una cita del
embajador de Estados Unidos en Bolivia, David NGreenlee, en enero de
2006, cuando le dice a Evo Morales textualmente: “Cuandopiense en el
BID, debe pensar en los EEUU” (…) “Esto no es un chantaje, es lasimple
realidad” (…) “Espero que usted como próximo presidente de
Boliviacomprenda la importancia de esto porque una separación de los
caminos no seríabuena para la región, ni para Bolivia, ni para
EEUU”.Quintana, sociólogo con estudios de maestríaen filosofía y
ciencias políticas, catedrático, investigados y autor denumerosos
ensayos sobre seguridad ciudadana, profundiza en este libro
detallesinéditos hasta ahora de la injerencia estadounidense en este
país andino:
En el mapageopolítico global, nuestra región constituye un eslabón
gravitante para elfuncionamiento del capitalismo mundial, situación
que exige ejercer dominioterritorial y control político
respectivamente.    Desde estaperspectiva, el anclaje imperial
latinoamericano —frente a sus adversarioscircunstanciales— es clave
para preservar rutas comerciales, controlar mares ydisponer de
reservas estratégicas en materia de recursos naturales.    Así, el
dominiosobre América Latina es una expresión unívoca del poder
imperial que no admitedisputa ni competencia a despecho de quienes
creen que la región esgeopolíticamente irrelevante (Petras y
Veltmeyer, 2006; Borón, 2013).    En el marco de lapolítica exterior
de Estados Unidos, las administraciones, republicanas odemócratas,
definen la configuración de un conjunto de estrategias
globalesdestinadas a preservar el área o la región; pero al mismo
tiempo y bajo estoslineamientos se propone a las agencias
gubernamentales opciones operativas conarreglo a las especificidades
nacionales (Kryzaneck, 1985).    En el caso deBolivia, resulta no sólo
curiosa sino extraña la ausencia de esfuerzosinstitucionales y
académicos para explicar y comprender la naturaleza de estedominio
aplastante, asimétrico y permanente a pesar de la traumática
yhumillante historia de dependencia ejercida por Estados Unidos.    La
naturalidad conla que una buena parte de los ciudadanos asume esta
relación explica el notableéxito cultural y hegemónico logrado en su
vínculo con Bolivia.    La internalizaciónde la injerencia externa y
la discreción con la que se le permitía actuar en elpaís era el peor
signo de la dependencia, que no se correspondía con eldesarrollo
democrático logrado hasta hoy, mucho más cuando el pueblo bolivianoha
sufrido las consecuencias más nefastas del intervencionismo
extranjerofacilitado por gobiernos títeres, sometidos a sus
imperativos geopolíticosexternos.    Requerimos, pues,contar con
estudios rigurosos que permitan comprender la construcción
históricadel dominio imperial ejercido contra el país en múltiples
dimensiones; perotambién develar el indecoroso e indignante papel que
jugaron los gobiernosdemocráticos y autoritarios que facilitaron y en
algunos casos promovieronperíodos largos de ocupación política y
económica extranjera.    La historiografíaboliviana, por diversos
motivos, soslaya este factor fundamental delintervencionismo
extranjero, en particular del norteamericano, situación queademás de
distorsionar el pasado nos impone interpretaciones caprichosas entorno
al desarrollo mismo de    Un pasadodesconocido y un presente todavía
esquivo en el ámbito de las relacionesbilaterales exigen diversas
propuestas de investigación y abordajesmetodológicos creativos que nos
debieran permitir acercarnos a estos objetos deestudio desde
diferentes ángulos y enfoques.    Aún se suele verla historia nacional
como una sucesión dramática de episodios de inestabilidadpolítica
vinculados a innumerables golpes de Estado, ciclos de relativa yfrágil
paz democrática o transiciones políticas duraderas en tanto juego
depoderes internos, primacía caudillista, protagonismos partidarios
y/oregionales más que como resultado del lugar que ocupa el país en la
geopolíticahemisférica, en la cadena de producción de materias primas
en el mercado globalo en el alineamiento ideológico a potencias en
pugna.    Es mucho máslacónica esta situación en el campo de la
bilateralidad entre Bolivia y EstadosUnidos Al parecer,
deliberadamente se ha preferido soslayar y en muchos casosignorar la
naturaleza de este vínculo con la potencia dominante, probablementecon
el objetivo de no entorpecer las rigideces derivadas de su
domesticación opara no alterar el protocolo manifiesto y asumido de su
dependencia.    Una prueba de elloreside en la ausencia de textos
oficiales básicos que describan u ofrezcandatos, cifras, hitos
históricos o convenios importantes que ayuden a comprenderlas
controversias o claroscuros de esta relación que por cierto no ha sido
nies simple.    Precisamente, sucomplejidad debiera incentivar
reflexiones institucionales que contribuyan nosólo a definir los
límites de la relación sino a circunscribir los ámbitos
derelacionamiento razonables.    Al parecer, estesilencio es más que
elocuente y afirma categóricamente no sólo la perezaintelectual de sus
responsables sino el grado de penetración institucional y
lacomplicidad que moduló su comportamiento burocrático.    Si se trata
dedescifrar los límites que adquirió la dependencia extranjera, en la
escala máspequeña del dominio norteamericano, la Cancillería, antes
del 2006, ofrecía elpeor ejemplo de inconducta nacional.    Tomando en
cuentaque la puerta de ingreso formal de los cuerpos diplomáticos al
país se producea través de este filtro institucional, dados los
niveles de penetración quelograron los norteamericanos desde mediados
del siglo pasado, debemos admitir suestrepitoso fracaso.    La
embajada deEstados Unidos no sólo tenía un doble registro de sus
funcionarios que llegabanal país, sino que llegó a tener su propio
espacio de trabajo en el corazón mismode la cancillería nacional.
La oficinadenominada de “Asuntos Especiales”, creada al amparo de los
convenios de luchacontra las drogas en el gobierno de Paz Zamora
(1993-1997) constituía unadependencia de la embajada enclavada en
plena Plaza Murillo, (sede delEjecutivo) desde la cual se suponía que
se gobernaba el país.    Decidir llamar aesta dependencia oficina de
“Asuntos Especiales” expresa en rigor la decisiónde encapsular su
tratamiento, envolver en un manto de superioridad y misteriola
relación y cuando menos considerar este trabajo como algo exclusivo
yprivilegiado, que estaría bajo el dominio y la tutela de una entidad
mayor.    Sin duda ésta erauna graciosa concesión otorgada por la
embajada en Bolivia para maquillar eltratamiento de su cooperación.
Con esta mismalógica operaba y funcionaba el Fondo Monetario
Internacional (FMI), alojado enlas instalaciones del mismísimo Banco
Central de Bolivia y cuyo objetivo no eraotro que gobernar
directamente y sin mediación la economía nacional.    La imposición
delas políticas macroeconómicas exigía no sólo tutela sino también
coerción desdela amable compañía a la que los tenían acostumbrados a
los presidentes de estainstitución financiera.    La ocupaciónfísica
del FMI sobre el sístole y diástole de la economía boliviana no
podíaser más condescendiente toda vez que el propio Presidente Hugo
Bánzer (1997-2001)había decidido tener a su lado, durante sus
gabinetes semanales, al Jefe de Misióndel FMI en Bolivia.    Para no
desentonarcon la ocupación colonial, una estación de la Agencia
Central de Inteligencia(CIA) poseía oficinas, equipos y sistemas de
comunicación en el propio Palaciode Gobierno, autorizada nada más ni
nada menos que por el mismo Ministro de laPresidencia de Carlos Mesa
(2003-2005), José Antonio Galindo, con el simpáticonombre de Unidad de
Análisis de Seguridad Presidencial (UNASEP).    En armonía coneste
entramado de ocupación imperial y para evitar cualquier desvío
ideológico,la Oficina de Enlace del MilGroup (Comando Sur de los
Estados Unidos) seencontraba instalada frente al Comando en Jefe de
las Fuerzas Armadas, en elmismísimo Cuartel General de Miraflores.
Así, y a escaladistinta, cada ministerio fue convertido en un feudo
colonial encubierto enproyectos digitados desde las oficinas de la
Agencia de los Estados Unidos parael Desarrollo Internacional (USAID,
por sus siglas en inglés).(Éste es el primero de tres artículos del
autor sobre elcontenido del libro “BoliviaLeaks” de próxima
presentación mundial.)
*El autor se desempeñó como Ministro de la Presidencia de Bolivia en
el periodo 2006-2010,como Director Ejecutivo de la Agencia para el
Desarrollo de Macroregiones y ZonasFronterizas (ADEMAF) entre 2010 y
2012, y retornó al Ministerio de la Presidenciaen enero del 2012 hasta
la actualidad.

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