BoliviaLeaks desnuda la estrategia subversiva de Estados Unidos (III)

Posted on julio 12, 2016

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La Paz (PL) En exclusiva para Prensa Latina el ministro de la Presidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, Juan Ramón Quintana, adelanta en tres artículos de su autoría el contenido del libro “BoliviaLeaks”, elaborado bajo su coordinación, que desnuda la injerencia de Estados Unidos en este país y en particular durante el período 2006-2010 del Proceso de Cambio liderado por el presidente Evo Morales.

Quintana, sociólogo con estudios de maestría en filosofía y ciencias políticas, catedrático, investigados y autor de numerosos ensayos sobre seguridad ciudadana, profundiza en este tercer artículo detalles inéditos hasta ahora de la injerencia estadounidense en este país andino:

Bolivia, considerado un eslabón del proyecto bolivariano, se convirtió en un blanco estratégico frente al cual la ofensiva política norteamericana no tuvo reparo ni contemplación alguna.

Observando el curso de los acontecimientos, los planes subversivos fijaron un amplio espectro de acciones que fueron desde políticas hasta incursionar en terreno militar, siempre de la mano de fuerzas políticas radicales y opositoras al proceso de cambio.

Prueba de ello fue el intento de hacer fracasar la Asamblea Constituyente (2006), el golpe cívico-prefectural (2008), la aventura separatista con la contratación de sicarios extranjeros (2009), la desestabilización mediante protestas de sectores indígena-urbanos (marcha del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure, TIPNIS, 2011, 2012), hasta el golpe suave â�”político-mediáticoâ�” del 21 de febrero de 2016, que dañó la realización del referéndum para la repostulación del Presidente Evo Morales.

Se puede hablar entonces de la configuración de cinco golpes de Estado nítidos en una década de gobierno.

En todos estos contextos, Washington aplicó una lógica de escarmiento que le obligó a emplear a fondo a sus agencias de seguridad como la CIA y la DEA, a sus agencias de cooperación como USAID y PL-480, las fundaciones de apoyo político como la Fundación Nacional para la Democracia (NED), el Instituto Republicano Internacional (IRI), el Instituto Nacional Demócrata (NDI) y numerosos programas y proyectos que le permitían mover centenares de organizaciones no gubernamentales dispersas en el territorio e incrustadas en diversas áreas claves de la cooperación.

La estrategia subversiva diseñada y ejecutada por los Estados Unidos respondió al nuevo contexto político que le tocó vivir a Bolivia desde el año 2006, sostenida en su cualidad emancipatoria, promovida por un vigoroso proceso de inclusión social y democratización del poder.

Por cierto, la lucha antiimperial, anticapitalista y anticolonial forma parte del proceso de nacionalización del propio gobierno y de la construcción del nuevo Estado Plurinacional.

La llegada al poder de Evo Morales, un conocido dirigente cocalero al que los Estados Unidos tenía en la mira durante muchos años por su inclaudicable e insobornable lucha política en favor de la hoja de coca, su resistencia al dominio imperial y defensa de los recursos naturales, produjo un verdadero revuelo político en Washington que obligó a maximizar su doble estrategia: contención y golpe.

Ambas estrategias, como se verá en el libro, rompen todo convencionalismo diplomático y se inscriben en el campo de la subversión política, escenario al que nos tienen acostumbrados los Estados Unidos en América Latina en el último siglo.

Para ello, pusieron en marcha planes desde la intimidación hasta el golpe de Estado, a los cuales se sumó una trama aún no esclarecida que apuntaba al magnicidio, además de construir un cerco de presión internacional, no sólo vecinal sino hemisférico.

La narración cotidiana de eventos políticos que ocurrieron en Bolivia a través de los cables revelados por Wikileads da cuenta del enfado norteamericano contra el gobierno por sus profundas reformas estructurales â�”nueva Constitución Política del Estado, nacionalización de los hidrocarburos, implantación de un nuevo modelo económico sostenido en el Estado, rechazo al diseño fondomonetarista, políticas sociales de fuerte impacto en la legitimidad del gobierno, etc.â�” y por el vaciamiento inminente del poder hegemónico construido durante casi un siglo, además del alineamiento en la construcción de un proyecto alternativo en América Latina entre países bolivarianos liderados por Hugo Chávez a quien el imperio no le toleraba su más mínima interpelación.

Se trató sin duda del momento más importante de toda la historia nacional, al que podemos denominar el ciclo de la desenajenación.

El escenario jamás imaginado de un país soberano, a partir de la desocupación del poder imperial en Bolivia y la nacionalización de sus estructuras estatales implicaron para Washington una sensación de pérdida dramática, pero a la vez una derrota política humillante frente a un país al que se le había acostumbrado a obedecer y a una sociedad resignada a su dominio.

La llegada del embajador estadounidense Philip Goldberg al país en 2006 no fue pura casualidad.

Del contenido de los mil 299 cables redactados y enviados por la jerarquía diplomática norteamericana entre el 2005 y el 2010 a Washington, se infiere un conjunto de hechos que conviene destacar.

El primero tiene que ver con la violación de todo protocolo diplomático, toda vez que la embajada desarrolló planes subversivos dirigidos a destruir explícitamente un gobierno democrático legalmente establecido.

En segundo lugar, las técnicas de trabajo desarrolladas por los funcionarios de la embajada para cumplir el mandato de la metrópoli pusieron al desnudo prácticas de espionaje, vigilancia, seguimiento e infidencia contra el gobierno nacional, gestionadas por especialistas en tareas propias de conspiración, subversión y guerra psicológica.

En tercer lugar, el nivel de articulación, despliegue y coordinación entre sus diferentes agencias, sean de cooperación o de seguridad, dirigidos a la desestabilización y la promoción del golpe de Estado contra el país anfitrión, pone en evidencia la dimensión y naturaleza del aparato burocrático de la embajada.

Ha quedado claro que esta estructura, que funciona bajo un mando centralizado a la cabeza del embajador, constituye en situación de emergencia o cumplimiento de misión una verdadera maquinaria de intervención dispuesta en todo momento a ponerse en pie de guerra.

Dicho de otro modo, la embajada norteamericana en Bolivia encubría el funcionamiento de un aparato descomunal de seguridad militarizado, maquillado como cuerpo diplomático.

Está claro que no pueden dejar de operar sin la disponibilidad de aliados estratégicos locales, en este caso, partidos conservadores, líderes de opinión opositores al gobierno nacional, representantes de iglesias, expertos o especialistas en determinados temas, funcionarios intermedios nacionales y un ejército de informantes claves que proporcionan los insumos para el procesamiento de la información, que es a su vez la materia prima para el conocimiento del contexto nacional y gubernamental.

Washington ha negado sistemáticamente su involucramiento en los planes golpistas en América Latina y específicamente en Bolivia.

No obstante, WikiLeaks ha respondido con pruebas irrefutables y contundentes, como lo demuestran las investigaciones que contiene el presente libro: la embajada de Estados Unidos en Bolivia no sólo planificó sino que condujo políticamente este proceso antidemocrático, subversivo y criminal.

Por lo tanto, no sólo se elaboraron planes explícitos para destruir el proceso de cambio sino para allanar el retorno del viejo sistema político de naturaleza pro imperial, tanto con apoyo interno como internacional.

En la valoración de su breve desempeño político en Bolivia y rescatando los cables desclasificados escritos por el mismo Goldberg, (expulsado por el gobierno del presidente Evo Morales en septiembre de 2008) se deduce que su única misión fue la de crear todos los escenarios imaginables no sólo para ayudar a ejecutar el golpe de Estado sino también para convertir a Bolivia en un territorio apto para la intervención extranjera.

Por ello no resulta extraña su designación tomando en cuenta su trabajo previo en las misiones que le tocó desempeñar en Bosnia, Colombia, Chile y Kosovo. Además de ser el personaje clave del golpismo separatista en Bolivia, llama poderosamente la atención su designación posterior a la expulsión del país: Secretario de Estado Adjunto para Asuntos de Inteligencia e Investigación del Departamento de Estado.

¿Por qué un país tan pequeño como Bolivia tuvo que generarle tantos dolores de cabeza a la potencia más grande del mundo y por qué Estados Unidos tuvo que enviarnos a uno de los embajadores más siniestros, violentos y comprometidos con el separatismo del Este europeo?.

Ésta es una pregunta que debiera merecer un mayor interés analítico respecto al papel que verdaderamente cumplen estos funcionarios diplomáticos bajo la máscara de embajadores.

Dado el peso específico que posteriormente asumió Goldberg en el Departamento de Estado, específicamente en el campo de la inteligencia imperial, resta saber si Bolivia, más que una nación pobre o subdesarrollada, no representa más bien un país con un notable valor geopolítico, geoeconómico y geoestratégico desconocido por nosotros mismos, en proporción a su ubicación y al potencial de recursos naturales que posee.

(Éste es el último de tres artículos del autor sobre el contenido del libro “BoliviaLeaks” de próxima presentación mundial.)

*El autor se desempeñó como Ministro de la Presidencia de Bolivia en el periodo 2006-2010, como Director Ejecutivo de la Agencia para el Desarrollo de Macrorregiones y Zonas Fronterizas (ADEMAF) entre 2010 y 2012, y retornó al Ministerio de la Presidencia en enero del 2012 hasta la actualidad.

ro/prl

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