Ni una #Venezuela aislada, ni un Movimiento cansado.#MNOAL2016

Posted on septiembre 20, 2016

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ISLA DE MARGARITA, Venezuela.—Des­de el nacimiento mismo del Movimiento de Países No Alineados (MNOAL), en 1961, el organismo ganó para toda su existencia un enemigo que hasta hoy persiste en denostarlo, rebajarlo en su eficacia, reducirlo mediante los argumentos de la disfunción.

Debe haber una causa muy clara y voluntad aún más grande, para que una alianza multinacional tan amplia no fracase en sus empeños a merced de la diversidad, y precisamente, la no alineación a alguno de los dos bloques del conflicto indirecto de la Guerra Fría fue motivo suficiente en los tiempos de la fundación.

Aquella tirantez peligrosísima entre nor­tea­mericanos y soviéticos arrastraba consigo otras potencias en la carrera desenfrenada del armamentismo, por lo cual, quienes no podían ni querían lanzarse en el mismo sentido, concertaron una posición.

Pero desde el palco suele verse más completa la tragedia, y aquel compromiso que en principio solo fijó la voluntad de salirse de la escena y dedicar todo el esfuerzo posible al progreso de sus economías, cayó muy pronto en la cuenta de que la neutralidad pasiva no los salvaba de nada, pues los cohetes también pasan —y hasta caen— sobre las cabezas de inocentes y desentendidos.

El activismo político en que derivó el MNOAL, fue sumando a la causa primaria otros emprendimientos, más globales, vinculantes, que pusieran el bloque a la ofensiva en el debate mundial sobre la coexistencia, y donde la diplomacia de paz fuera bandera: autodeterminación, soberanía, desarme, diálogo, cooperación para el desarrollo, multilateralismo, democratización de las instancias globales creadas para unir…

Sin esa evolución habría sido muy fácil desmontar —como casi sucede— el Mo­vi­miento, una vez en el suelo el muro de Berlín. No existiría la consecuencia sin la causa, y el unilateralismo habría celebrado la victoria sobre las barricadas del rival soviético, pero también sobre la inercia de los espectadores.

A pesar de las altas y las bajas, de tensiones por conflictos incluso entre sus miembros, el Movimiento sobrevivió a la carga contra su publicitada razón de ser. Ante el empuje envalentonado de sus detractores millonarios, asimiló las coyunturas nuevas y en una gran demostración de adaptabilidad, redirigió su lucha sin alejarse de las esencias fundacionales.

Esta XVII Cumbre fue también un acto de madurez. Hay problemas importantes, y por tanto, enfoques distintos para la lucha concertada.
Primero. Fue casi unánime el reconocimiento franco de la acción insuficiente en muchas prioridades declaradas en ediciones precedentes: la paz, la lucha contra el hambre, el desarme, la reconfiguración de la ONU…

Segundo. La mayoría levantó voces simultáneas por el fortalecimiento puertas adentro del Grupo, con fórmulas prácticas que permitan reaccionar más rápido a los problemas urgentes y generen impactos contundentes. No es suficiente que el Movimiento sea una fuerza moral, debe ser innovador y eficiente en su tarea, dijo algún orador.

Tercero. La adaptabilidad del bloque para fijar posiciones contra las amenazas nuevas también aquí se puso de manifiesto, a través incluso de una perspectiva interesante.

El modo directo, valiente y propositivo de muchos oradores, dejó la agradable impresión de que el espacio de alto nivel no fue aprovechado solo como tribuna de denuncias, sino como oportunidad reflexiva para que las preocupaciones nacionales se vieran como lecciones, como advertencias de un peligro real que pende sobre las cabezas de otros pueblos, que la ofensiva imperial ha escogido otros caminos solapados y es preciso levantar las defensas.

El presidente de Irán, por ejemplo, volvió sobre el terrorismo como un riesgo colosal, pero exaltó la capacidad del MNOAL para promover en la ONU la creación de un frente único contra el extremismo y la violencia.

Advirtió la obstinación con que persiste en la mentalidad de las potencias la polarización militar, su fanatismo en alentar disputas, crear guerras para alimentar su industria armamentista y buscar otras fuentes de re­cursos.

Ecuador expuso con dedo acusador las agresiones recolonizadoras que otra vez fo­mentan solapadamente las potencias sobre los pueblos de América, encubriendo sus in­tenciones con bombardeos mediáticos, golpes parlamentarios, acosos económicos y difamaciones de los líderes fundamentales.

Bolivia alertó sobre las fórmulas imperiales de luchar contra el narcotráfico, que solo son mascaradas para entrar con algún pretexto allí donde quieran establecer control y subvertir.

Cuba, en la voz de su presidente Raúl Castro, recordó el papel que tiene el movimiento en la lucha contra el actual «Orden Económico Internacional impuesto por las grandes potencias», que ha hecho que la brecha entre países ricos y pobres crezca, y la transferencia de tecnologías del Norte al Sur sea una aspiración esquiva.

De la misma manera, señaló la hipocresía con la cual países como Estados Unidos y algunas naciones de Europa, manipulan el concepto de derechos humanos en función de sus intereses, mientras la verdadera realización de estos «continúa siendo un sueño para millones de personas en todo el mundo», y «oleadas de refugiados se agolpan en las fronteras europeas sin hallarse soluciones justas, estables y permanentes, que protejan su vida y dignidad».

Precisamente la invocación al derecho de independencia saltó desde los ejemplos de Palestina, el Sahara Occidental, Puerto Rico, varios pueblos africanos en conflicto, y las guerras promovidas desde el exterior en Irak, Afganistán, Libia y ahora Siria.

Hubo el ánimo de hacer causa común de las preocupaciones nacionales, y así lo refrendó el texto final de la Declaración de Mar­garita, rubricada por cada delegación de ple­no derecho.

Al menos en su carácter, el documento tiene la valentía y el empuje transformador que el gobierno encargado de la nueva presidencia imprime a su Revolución.

Las prioridades no son las del mercado, sino la de los pueblos, y aunque habla de avanzar en el progreso de las economías na­cionales, pide hacerlo con base en la cooperación, no olvida el cuidado del ambiente, la ur­gencia de revertir todo cuanto propicie el cambio climático, se preocupa por la juventud, pide democratizar el acceso al conocimiento, y muy puntualmente traza pautas para emprender la remodelación del esquema de comunicación.

Con Venezuela a la cabeza y todas esas experiencias que en el marco de las relaciones internacionales han disparado el prestigio de su diplomacia, debido a la ejemplar resistencia ante el acoso político extranjero y las pretensiones de injerencia, el Movimiento podría tomar un impulso que lo reposicione en un rol protagónico dentro de cualquier debate mundial.

De momento, en camino de concretar acciones más allá de los discursos, las propuestas iniciales bajo su iniciativa ya promueven la idea de una Comisión del Sur que medie con facultad ejecutiva en todos los asuntos políticos del bloque, de un Banco del Sur como marco financiero de relación soberana y aprovecharon la cualidad de anfitriones para estimular nuevos diálogos que acercaron la posibilidad de un acuerdo para estabilizar el precio del petróleo.

Sobre el bloqueo contra Cuba, dijeron que pasarían del rechazo manifiesto a la exigencia para resarcir al pueblo, estudiarán herramientas jurídicas vinculantes que obliguen a las empresas transnacionales a responder por violaciones de los derechos humanos y delitos ecológicos, y fijaron posiciones inmediatas y contundentes por las últimas agresiones en Siria.

A propósito, una cuarta conclusión muy relevante es que en el marco de los No Alineados fue notoria la alineación en la solidaridad con Venezuela. Uno tras otro los oradores avalaron el encargo de la conducción a la nación anfitriona, le ofrecieron confianza y auguraron éxitos a su gestión.

Obviamente, este saldo no resulta nada cómodo a los agoreros que pronosticaron un fracaso, y hoy, al margen de las intervenciones en la plenaria, bajan el audio para no escuchar mientras llaman la atención sobre quién vino o no vino; como si un vicepresidente o canciller no llevara en su mensaje las palabras de un país y su Presidente.

A juzgar por el espaldarazo que resultó el MNOAL en su XVII Cumbre, ni Venezuela está aislada, ni el Movimiento cansado en sus luchas de 55 años.

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Posted in: Opinión