El #ALBA en 2017: balance y proyecciones *

Posted on marzo 9, 2017

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Los gobiernos del ALBA puedan ver en esta ya consolidada instancia un sólido carril de confianzas, por donde comenzar a intentar resolver los complejos nudos de la integración regional, en un convulsionado momento económico internacional

La Alianza Bolivariana para los Pueblos de América ha sido la primera instancia autónoma de integración regional del nuevo siglo. Por tanto, no sólo es previa a Unasur (2008) y Celac (2013), dos herramientas que agruparon a países más diversos en cuanto a composición ideológica: el ALBA es incluso previa a la colosal derrota de EE.UU. en la Cumbre de las Américas realizada en 2005 en Mar del Plata.

 

El cuarto aniversario del fallecimiento de Hugo Chávez, junto a la cumbre que se realizará en Caracas, encuentra al ALBA en un momento latinoamericano y caribeño bien complejo y dinámico:

 

 

a. La llegada de Trump al gobierno de EE.UU. ha dejado sin orientación concreta al bloque de países de la Alianza del Pacífico que veía en el Acuerdo Transpacífico (TPP) un horizonte de oportunidades para la región. No solo significó un golpe concreto para las administraciones de México, Colombia, Perú y Chile, sino que además impactó directamente en la línea de flotación de Macri y Temer, quienes anhelaban un giro “hacia el Pacífico” de Argentina y Brasil. MM llegó incluso a hacer ingresar a la Argentina como miembro observador de AP, apostando luego todo a Hillary Clinton en la contienda electoral norteamericana. No supo captar a tiempo lo que ocurría en EE.UU., por lo cual quedó a contramano de los hechos.

 

b. Unasur y CELAC transitan, lastimosamente, un período de fuerte parálisis amparada en la llegada de gobiernos conservadores a Argentina y Brasil, hecho que modificó la correlación de fuerzas en el Cono Sur. Un ejemplo concreto: han pasado quince meses de gobierno de Cambiemos-PRO en Argentina, y aún no se conoce opinión pública del Jefe de Estado sobre Unasur, incluso cuando el primer Secretario General del bloque fuera el argentino Néstor Carlos Kirchner. En momentos donde el propio EE.UU. descarta al TPP, Unasur, CELAC y el Mercosur deberían ser puntales de una nueva integración regional latinoamericana, tal como la pensaran autores como Puig, Jaguaribe y Methol Ferré, en un contexto global que necesariamente deberá pensarse en cuanto a bloques durante las próximas décadas.

 

c. Aquel lugar de acoso internacional que durante la década del 90 ocupó Cuba, producto de la caída de la URSS y el incesante auge de gobiernos neoliberales que propició la región en aquel entonces, hoy se despliega sobre Venezuela, en un contexto de “tormenta perfecta” que sufre el país a partir de lo que fuera el desplome de los precios internacionales de petróleo y la “guerra económica” a través del desabastecimiento inducido, que propiciara colas, desgaste y creciente malhumor social. Dicho esto, no es de extrañar que la interesada cobertura sobre lo que sucede (y no) en ese país ocupe horas y horas en los noticieros internacionales: buscan quebrar al primer proceso político de lo que fueran los gobiernos posneoliberales, para luego avanzar por la propia Cuba (ahora “bendecida” por algunos de esos medios, que se agazapan para volver a condenar a La Habana en caso que Caracas cayera).

 

En ese contexto, la voz de Bolivia toma un impulso particular, tal como sucediera en su momento con propia la voz de Venezuela -bajo la influyente figura de Chávez- en la región, cuando también Cuba afrontaba situaciones de gran complejidad en términos económicos, durante lo que se conociera como el “período especial”. Morales tiene mandato hasta fines de 2019, y su intención es acompañar los reclamos que, desde diversos sectores de la sociedad boliviana, se le hacen en torno a una posible continuidad luego de esa fecha: el antecedente argentino, y la situación que afronta Ecuador de cara a la segunda vuelta electoral, han sido puntales para esa decisión por la cual Morales se medirá nuevamente en las urnas.

 

d. El ALBA tiene una diferencia sustancial con el resto de las instancias integracionistas. Es algo que hace unos años generaba algún recelo en los países “intermedios” pero que hoy le da consistencia: su homogeneidad ideológica, bajo un ideario de gobiernos que se proponen un horizonte socialista. Allí no están Macri, ni Temer, ni Cartes, ni PPK. Jamás ingresarían, de hecho, por considerar a esta instancia profundamente ideológica (diciéndolo, claro, desde una ideología determinada, la conservadora, la ortodoxa, la neoliberal).

 

 

“El que mucho abarca, poco aprieta” dice el dicho popular argentino, que en términos integracionistas podría significar una llamada de atención a instancias tan masivas como la CELAC, que por la diversidad de sus componentes no ha podido (aún) pasar de ser un foro que anualmente debate, todos los eneros, sobre la situación de la región, emite posicionamientos y no mucho más. Unasur, en tanto, ha quedado atrapada entre los dos fuegos que emergen tras el empate catastrófico que vive la región en términos políticos e ideológicos luego del golpe institucional que sufriera Dilma Rousseff en Brasil durante 2016. No solo se puede apreciar una merma del “discurso integracionista”, sino que además hay un efectivo parón de estas instancias, que solo podrá resolverse cuando se cristalice qué corriente (la posneoliberal o la neoliberal retornante) logre una hegemonía a mediano plazo.

 

Por ello los gobiernos del ALBA puedan ver en esta ya consolidada instancia un sólido carril de confianzas, por donde comenzar a intentar resolver los complejos nudos de la integración regional, en un convulsionado momento económico internacional. ¿Servirá el cónclave caraqueño para reimpulsar nuevamente a esta herramienta creada por Hugo Chávez y Fidel Castro en 2004? ¿Avanzarán estos países en una renovada alianza multilateral con el G77+China y el Movimiento de Países no Alineados, visto y considerando que Bolivia y Venezuela, impulsores del ALBA, comandan estas instancias respectivamente? ¿Qué definiciones tomarán en torno a la presidencia de Trump, quien volvió a poner a Caracas en el punto de mira de Washington en la región? ¿Qué dirán sobre los BRICS, cuyas economías aún sostienen el (débil) crecimiento internacional de los últimos años?

 

Finalmente, ¿dará Bolivia un paso adelante en torno a la dinamización no solo ya del ALBA, sino del resto de las instancias de integración regional, particularmente Unasur y CELAC? Son preguntas que comenzarán a resolverse próximamente, en Caracas. Aun cuando sus dos grandes arquitectos hayan muerto, el ALBA continúa vivo, reafirmando su legado de unidad latinoamericana y caribeña autónoma, sin injerencias de EE.UU.

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Posted in: Opinión