#Bolivia defiende institucionalidad en #OEA

Posted on abril 17, 2017

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Diego Pary Rodríguez *

Bajo el beneficio de la distancia y la ausencia, hay quienes días atrás salieron pues a vociferar, insultar, humillar y hasta crear falsas verdades. De manera deliberada se manipuló, se engañó y se distorsionó la información con el simple propósito de sacar beneficio político en el ámbito nacional.

La compleja convocatoria a sesión del Consejo Permanente en la OEA, el día 3 de abril de 2017, fue suspendida por Bolivia al asumir la Presidencia como una decisión institucional sobre la base de la normativa y la costumbre en la Organización, respaldados por el art. 8 inciso d) del Reglamento de dicho Consejo, que faculta a la Presidencia realizar las consultas correspondientes con los 34 países miembros para coordinar y, en caso de ser necesario, consensuar las propuestas de resoluciones, como se hacía necesario en este caso al ser un tema altamente delicado y que involucraba a uno de los Estados miembros. Las decisiones asumidas no fueron personales, fueron institucionales y consultadas, como lo es y debe ser en el quehacer diplomático.

La OEA es un organismo de carácter político, es evidente que ante temas de alta complejidad no existen coincidencias y actualmente hay dos posiciones claramente definidas; en este contexto, la presión generada por un grupo de países apoyados por el país más poderoso de la región (que controla la Organización a través del 59% del presupuesto) y la desesperación de ejecutar con carácter sumario a un país miembro pudo más que el respeto a la institucionalidad y el diálogo entre Estados soberanos.

La instalación del Consejo Permanente por parte de Honduras, forzada por presiones e intereses externos a la Organización, bajo el asesoramiento cómplice del Secretario General, fue a todas luces ilegítima e ilegal porque el art. 6 del Reglamento establece con claridad que el presidente es el único facultado para convocar a una sesión; en caso de ausencia o impedimento le corresponde a la vicepresidencia.

En ninguno de los casos hubo ni ausencia ni impedimento, Bolivia presidente y Haití vicepresidente se encontraban en la misma sede de la Organización. Las vulneraciones al reglamento y la ilegalidad se hizo aún más evidente al finalizar la reunión, la decisión se tomó solo con el apoyo de 17 países, la OEA está compuesta por 34 Estados activos, para cualquier decisión se requieren 18 votos de aprobación.

Aclarado lo anterior, ahora vayamos al meollo del asunto, algunos opinadores y políticos nacionales, molestos por la firmeza en la defensa digna de los derechos de Bolivia, acostumbrados a la vieja diplomacia de los buenos saludos, pretendieron que la presidencia, a cargo del país, aceptara imposiciones e instrucciones de otros gobiernos. Bolivia ya no es servil a intereses extranjeros; no es un lector más de un libreto diseñado por un grupo de países poderosos y que le instruyen poner a votación una decisión ya predefinida.

La presidencia a cargo de Bolivia, bajo el principio de igualdad soberana entre los Estados y el respeto a todos los países de las Américas, por más pequeños que éstos sean, tenía la obligación de consultar con los 34 Estados, los 17 Estados (la mitad de los Estados miembros) que no aprobaron la decisión del consejo ilegal y acompañaron la decisión de Bolivia no valen más ni menos que los demás. Hoy más que nunca el país ejerce su soberanía en todos los espacios multilaterales y es actor en la dinámica internacional.

El país, en los últimos 10 años, ha logrado un importante reconocimiento internacional por sus grandes avances en la construcción de la igualdad y la inclusión de los sectores más desfavorecidos y discriminados, entre ellos los pueblos indígenas, que durante décadas fueron marginados del quehacer estatal.

En la misma dinámica, también se apoyaron e impulsaron instrumentos normativos que acompañen estos avances. En la OEA se destacan las convenciones contra el racismo y la discriminación, la convención de los adultos mayores, la declaración americana sobre los derechos de los pueblos indígenas.

Contrariamente en el país, ciertos grupos, a pesar de su calificación académica, todavía mantienen su repugnante racismo y el carácter discriminador de su discurso, que más allá del debate político, la crítica constructiva y el debate de ideas, atacan a la personalidad o al origen indígena de la persona.

De manera burda y abusiva se hizo una alusión al carácter humano de las personas y el derecho que me corresponde a tener una identidad.

El sombrero no solo es un símbolo, tampoco sirve para ocultar nada a nadie, es la representación de una identidad históricamente negada en el Estado colonial, la identidad de pueblos y culturas indígenas con historia, memoria, sensibilidad humana y un gran sentido de construcción social y comunitaria.

Negar el origen identitario es dejar de ser uno mismo, no voy a negar mi origen por llegar circunstancialmente a la OEA, mi mayor fortaleza es ser indígena, vengo de una comunidad potosina, construyendo y forjando con esfuerzo, como muchos bolivianos lo hacen, una carrera profesional transparente y al nivel de los desafíos que se me presentan, mis manos, mi conciencia y mi integridad son más limpias que de quienes se atrevieron a decir improperios.

La dignidad de la patria no se negocia, se la respeta y se la defiende frente a cualquier agresión.  El debate político y de ideas, cuando sea necesario y en cualquier espacio; el racismo y la discriminación por condición indígena, jamás.

*Embajador de Bolivia en la OEA. Licenciado en Pedagogía con maestría en Negociaciones Internacionales y miembro de la Cátedra Indígena de la Universidad Indígena Intercultural de América Latina y el Caribe.

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Posted in: Opinión