Cuatro preguntas sobre Mr. #Almagro, el Cachorro del imperio

Posted on abril 17, 2017

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Por J. M. del Rio (Colaborador de Santamambisa)

Como no soy abogado, no pienso meterme en la encrucijada de categorizar, tomando como base el Derecho Internacional Público, lo que ha estado sucediendo en la OEA desde que el Cachorro del imperio asumió su cargo como Secretario General de ese Ministerio de Colonias. Lo que sí puedo hacer y de hecho lo estoy haciendo con mis colegas del barrio, es hacernos toda una serie de preguntas sobre el sujeto de marras, algunas tirando a chota este muy serio asunto y otras asumiendo la formalidad que reclama el momento. Invito al amable lector o la cordial lectora, a que nos acompañen en este ejercicio de interpelaciones y contestas, según lo acaecido mientras jugamos al dominó.

¿En qué se diferencia un perrito sato con el Cachorro del imperio? Según el amigo Cantaclaro, la diferencia está en que el perrito sato solamente menea la colita cuando el amo lo llama o cuando lo acaricia y el Cachorro del imperio zarandea la cola (y el trasero) en señal de obediencia y sumisión, de forma continua, porque perseverantemente piensa en como mejor acatar el mandato imperial.

¿Dónde se meterá el Cachorro del imperio cuando se cumpla el aforismo del indio sabio, Evo Morales, quien dijo que la OEA, como organización sumisa, está condenada a la extinción? Sobre esta interrogante uno de mis colegas sentenció: que, en tal caso, Mr. Almagro podría dedicarse a cargarle las maletas a los políticos desocupados de la derecha regional, que le han estado corrigiendo la plana en el sainete anti-venezolano montado por él, según las instrucciones del imperio.

¿Conocerá el Cachorro del imperio los nombres de los Presidentes y los cancilleres que se vendieron por 30 monedas, cuando algo similar a lo que se pretende aplicar a Venezuela, se le impuso groseramente a la Cuba Revolucionaria? En ese caso la respuesta de nuestro grupo fue, que seguramente Mr. Almagro, en su preparación para el cargo, aprendió los nombres de John F. Kennedy y de Lyndon B. Johnson, que eran los mandamases en los EE.UU cuando la OEA trató de apabullarnos y, como está sucediendo ahora con el caso de Venezuela, se pellizcó el trasero con la puerta. Por otra parte, si los nombres de los otros lame-botas no los recuerdan ni sus propios sucesores ¿por qué hemos de abusar de la memoria de Mr. Almagro?

¿Qué similitudes encontramos entre Tomás de Torquemada y Mr. Almagro? Aquí nos ayuda el historiador el grupo: Torquemada fue el inquisidor general de las coronas de Castilla y Aragón, que convirtió la Inquisición en esos reinos en un implacable y cruel organismo de persecución religiosa y el Cachorro del imperio se empeña en que la OEA continué comportándose como el Tribunal de la inquisición política de nuestra región, tal y como ha venido haciendo en los 69 años de su existencia. Así lo quiere el amo y lo que el amo quiere se cumple sin discusión, ¿no es cierto Mr. Almagro?

Las últimas preguntas que se hizo el grupo durante el movido partido de dominó deja la respuesta en suspenso. ¿Para qué sirve la OEA? ¿Por qué los países progresistas se mantienen en este Ministerio de Colonias? Y como ya he apostillado otras veces: no digo más…por ahora.

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Posted in: Opinión